El movimiento obrero argentino atraviesa un punto de inflexión. En una época marcada por desigualdades persistentes, transformaciones profundas en el mundo del trabajo y renovadas ofensivas contra derechos conquistados, la UNIDAD del pueblo trabajador es un DEBER y sólo podrá sostenerse sobre la base de estructuras que conjuguen representatividad y organicidad en formas vivas, plurales y, en consecuencia, legítimas de participación.
